El amor de Madame Bovary

¡Uf, 6 meses han pasado desde mi última publicación!

Primero, por mi falta de compromiso estos últimos meses, pido disculpas a aquellos que me leéis. Me gusta escribir cuando me siento inspirada y este último tiempo no ha sido así. Bueno, en realidad no hablaría de poca inspiración sino más bien de una mente caótica que me impide poner orden a todo lo que me gustaría contaros.

Dicho esto, tengo ganas de vaciar un poco de este caos mental hablando del amor. Sí, el AMOR (¡menudo tema para reactivar el blog!)… y es que si tuviera que poner un título a mi vida para estos últimos meses sería: EN LA PIEL DE MADAME BOVARY.

El título es inventado pero tal vez alguno sepáis quién era Madame Bovary. Yo la “conocí” cuando tenía unos 12 años, en clase de francés. Emma Bovary es un personaje literario imaginado por Gustave Flaubert en 1857, una mujer que seguramente hoy se distinguiría también por ser PAS (Persona Altamente Sensible) y que devoraba en soledad cientos de novelas románticas.

Ella, como muchas otras mujeres de la época, era prisionera de la búsqueda de un amor idealizado. Tanto era así que no se sentía satisfecha en ninguna de sus relaciones amorosas y su constante frustración y decepción le llevaron al suicidio.

Emma estaba casada con Charles Bovary, el mejor de los hombres al que todas adoraríamos: guapo, fiel, amable, bueno, cariñoso, atento y lo más importante, él estaba locamente enamorado de ella. Sin embargo, para Emma eso nunca fue suficiente. Ella anhelaba un amor obsesivo, pasional, posesivo y renunciaba a su rol de mujer y madre para perseguir un ideal del amor que solo existía en los libros y en su imaginación.

Con tal descripción obviamente solo podía vislumbrarse un trágico final.

Resulta que me he dado cuenta de que en el aspecto amoroso mi vida sigue bastante los ideales de Madame Bovary (muy a mi pesar… ¡o no, porque de todo se aprende!).

Era consciente de lo mucho que me había impactado su lectura en el colegio pero no de cuánto había afectado a mi subconsciente y mucho menos de cómo pesaba toda esta información en mi vida.

Es fácil caer en la adicción al romance, un amor ideal que cambia por completo nuestra vida y nos evade de la rutina. Es el amor que nos venden las películas y también los libros. Un amor “UAU” pero que hace que en nuestras relaciones reales encontremos constantes insatisfacciones y no entendamos el amor más allá del enamoramiento.

Sin embargo, después de varias desavenencias amorosas, ahora empiezo a tomar consciencia de que el amor verdadero, ese que te toca el alma, es un amor sano, bondadoso y pacífico y nos envía rayos de luz cuando nos encontramos en plena oscuridad. Ese amor REAL se trabaja a diario hablando con sinceridad con la pareja, contando las preocupaciones del uno y del otro, compartiendo todas las alegrías y sobre todo sin esperar nada a cambio. Tal vez es un amor IMPERFECTO en vida pero es PERFECTO en esencia.

¿Y el vuestro? ¿Cómo es el amor que vivís? Os animo a reflexionar sobre ello y cambiar todo aquello que ahora mismo os esté haciendo infelices…

Un abrazo y, de verdad, gracias por leerme después de tanto tiempo 🙂

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